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“No hay margen para errores”

Entrevista a Júlia Seixas

Profesora en las áreas de Detección Remota en Medio Ambiente, Energía y Cambio Climático, Júlia Seixas coordina la línea Energía & Clima del centro de investigación CENSE, dedicada al I+D para la neutralidad carbónica: modelación integrada de sistemas energéticos, nuevas tecnologías de energía, nuevos instrumentos de política, ciudades sostenibles, vulnerabilidad climática y adaptación de los sistemas energéticos.

Miembro de la comisión científica del Programa de Doctorado conjunto UL-UNL en Cambio Climático y Políticas de Desarrollo Sostenible, cuenta con más de 60 publicaciones en revistas científicas internacionales.

Coordina el Climate-KIC Hub Portugal desde 2016. Es presidenta del Departamento de Ciencias e Ingeniería del Medio Ambiente desde marzo de 2017.


En entrevista a EDP, Júlia Seixas comparte con nosotros su visión del estado del planeta y de cómo podemos avanzar hacia un mundo más sostenible.

Conociendo la matriz energética mundial, ¿piensa que es posible prescindir de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural) para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París? ¿En cuánto tiempo?

La estabilización del clima de la Tierra, en línea con los objetivos del Acuerdo de París, exige que se modifique radicalmente el sistema energético mundial. El trabajo liderado por Johan Rockstrom, científico muy respetado de la Universidad de Estocolmo, publicado en Science en marzo de este año, deja claro que las emisiones globales de los combustibles fósiles tienen que empezar a bajar a partir de 2020 hasta desaparecer a mediados de este siglo, lo que implica prohibir el uso de combustibles fósiles. No tomarse en serio esta proposición implica incurrir en costes, tendencialmente muy altos en un futuro más o menos próximo, y mucho sufrimiento.

   

¿Qué falta hacer para invertir la situación rápidamente?

Actualmente tenemos el conocimiento y las soluciones para hacer la transición energética, y prescindir completamente de los combustibles fósiles. Es moralmente obligatorio y tecnológicamente posible limpiar el sistema energético mundial hasta 2050. Los ciudadanos ya se han dado cuenta de que el cambio climático no es un tema reservado a los científicos, sino un proceso que afecta todos y, a veces, de forma muy violenta. Faltan, sobre todo, decisiones políticas para cambiar la tendencia, de forma coherente, integrada y tan rápidamente como sea posible. Alcanzar ese objetivo exige empezar, desde ya, a coordinar decisiones de inversión, tanto públicas como privadas. Para ello, es esencial que la política de energía sea clara (objetivos concretos), coherente (en todo los sectores de la economía), informada (apoyada en análisis robustos) y responsable (cuánto cuesta la transición y cuáles son los mecanismos para fomentarla).

¿Qué cambios serán necesarios? ¿Cómo van a ser las nuevas ciudades sostenibles?

Los cambios deberán ser transversales, en todos los sectores de la economía. Industria, edificios, espacios públicos, comercio y transportes deberán proporcionar sus servicios sin emisión de gases con efecto invernadero. Nuevos materiales de construcción, nuevos sistemas de movilidad y nuevos productos de consumo circular son ejemplos que deben ser perseguidos, porque ya existen. Las ciudades podrán ser el mayor escaparate de la transición energética, privilegiando modelos de uso ultra eficientes de la energía, modelos para compartir recursos y equipos como ya existe para la movilidad, y modelos de organización del trabajo/ocio que primen los núcleos llamados walkable cities, que evitan los desplazamientos diarios masivos. En esta evolución, se espera la liberación de mucho espacio en las ciudades que deberá ser ocupado por sumideros de carbono, que tendrán la ventaja adicional de tener efectos positivos en la salud pública y en la biodiversidad. Aunque haya algunos estudios que apuntan a inmensos beneficios de opciones de las nuevas ciudades inteligentes y sostenibles, falta hacer un análisis coste/ beneficio integrado para una ciudad en Portugal. Sería muy interesante disponer de estos resultados.

  

¿Siente que ya hay una mentalidad que está cambiando en lo que se refiere a la movilidad?

Sin duda, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Incluso a los que aún les guste tener vehículo propio o que, de hecho, lo necesitan, están atentos a las nuevas soluciones de movilidad. Actualmente la limitación de la movilidad eléctrica está sobre todo en el acceso a la infraestructura de carga y cada vez menos en el precio del vehículo. Es necesaria una revolución en el sistema de carga en las ciudades. Por ejemplo, cada alumbrado de calle podrá ser un punto de carga, o cada tienda a pie de calle podrá suministrar electricidad a los vehículos, en un esquema tipo Airbnb de suministro de electricidad. Hay mucha innovación tecnológica y de negocio por explorar.
 

 

"Es moralmente obligatorio y tecnológicamente posible limpiar el sistema energético mundial hasta 2050."

En Portugal, la apuesta por las energías renovables en la última década ha cambiado el panorama de producción eléctrica. ¿Dónde es necesario apostar ahora?

Es verdad, pero el objetivo es llegar a una producción 100% renovable. Según dados de la APREN, de enero a julio de este año, el 42% de la electricidad tuvo origen en recursos fósiles, es decir, hay aún un gran camino por recorrer. Sin embargo, la electricidad representa solo el 25% del consumo nacional de energía final del país, por lo que la prioridad debe ser la movilidad y el transporte. De acuerdo con el último inventario de la APA (2018), el transporte es el responsable del 36% de emisiones totales de energía, es decir, el mismo peso que las industrias de energía. Es urgente también apostar por mecanismos innovadores para la eficiencia y suficiencia energética centradas en el consumidor final (familias y empresas), para lo que ayudaría mucho la digitalización del sistema energético portugués que, infelizmente, ha estado ausente de las preocupaciones de la política energética.

  

La Unión Europea está debatiendo un Paquete de Energía y Clima. ¿Cuáles son los progresos y qué anticipan estos procesos legislativos?

Los objetivos para 2020 para las renovables parecen alcanzables, al contrario de lo que se prevé para la eficiencia energética. De acuerdo con el Third Report on the State of the Energy Union, de noviembre de 2017, el consumo de energía primaria tendrá que reducirse un 3,1% entre 2015 y 2020, para que se cumpla la meta de la eficiencia energética. Tal vez por esta razón, el documento de la Comisión Europea Clean Energy For All Europeans, esencial para el diseño del futuro sistema energético europeo, tiene como uno de los objetivos principales la “eficiencia energética en primer lugar”. Fue ya aprobado un nuevo objetivo de 32,5% para 2030 (20% en 2020), con una revisión al alza pendiente en 2023. Son objetivos ambiciosos, pero necesarios y alcanzables. La pobreza energética, discutida en el documento europeo, debe ser una prioridad en el país por cuestiones sociales y de salud pública, que tenderá a agravarse con el cambio climático.

   

¿Cómo puede Portugal contribuir en este proceso?

Portugal tiene recursos renovables que deben ser optimizados para la prestación de servicios de energía a la economía, y rechazar cualquier intención de entidades privadas de continuar proyectos basados en recursos fósiles, como los actuales contratos de concesión para la prospección y exploración de hidrocarburos. La eficiencia energética debe estar en primer lugar, porque es la mejor opción coste/beneficio de todas, para lo que es necesario innovar en instrumentos de política, de financiación, e infraestructuras digitales. Portugal tiene una excelente base de competencias digitales que debe impulsarse hacia este objetivo. La Ruta hacia la neutralidad carbónica, en desarrollo por el gobierno portugués, tiene una visión que implica un cambio del paradigma energético del país. Tiene en cuenta soluciones tecnológicas y modelos de producción y consumo ya disponibles, lo que reduce la incertidumbre de alcanzar el objetivo. 
 

 

¿El actual grado de I+D+i es suficiente para llegar al nivel cero, o cercano, de emisiones de gases con efecto invernadero, a partir de 2050, como prevé el Acuerdo de París?

Portugal dispone de muchos recursos cualificados y know-how en diversos campos de la energía, muchos por mérito de la comunidad de investigación y de innovación, incluida en redes internacionales. Gran parte de esta comunidad se formó cuando Portugal decidió apostar por las renovables en la década de 2000, lo que muestra el impacto positivo de las políticas públicas. El paso de la innovación en fase de proyecto a la escala de mercado es exigente, por lo que las políticas de energía e innovación deberían trabajar en conjunto. Solo así, el país se asegurará la transición energética basada en recursos propios, con impacto positivo en la competitividad nacional. Dicho esto, el I+D+i nacional debe recibir mayor atención y recursos, porque la transición energética hacia las cero emisiones es uno de los motores de innovación para el siglo XXI.

  

En su opinión, ¿cómo ve el camino que EDP ha hecho para combatir el cambio climático?

No conozco EDP en profundidad, pero pienso que la estrategia seguida desde hace años, de promoción de la electricidad renovable, está coordinada con la transición energética. Sin embargo, hay dos aspectos negativos que, en el actual marco de conocimiento, constituyen pasivos de la imagen de la empresa: la continuación de la producción de carbón y la apuesta por nuevas presas. En el primer caso, porque presenta a EDP con responsabilidades directas en cambio climático; y, en el segundo, varios efectos negativos que varios estudios vienen demostrando, principalmente en el cambio climático. La transición energética exige innovación transformativa, que EDP ha realizado en proyectos de I+D que conozco. Los estudios que desarrollan en la FCT-Universidad Nova de Lisboa muestran que la transición ha pasado por un aumento de electrificación del consumo basado en las renovables, lo que son buenas noticias para EDP. Pero esto añade una mayor responsabilidad en las decisiones a tomar sobre los futuros sistemas de producción, almacenamiento, distribución y consumo.

  

Si no somos lo suficientemente rápidos y eficaces, ¿qué pasa con nuestra generación y la de nuestros hijos?

No sabemos cómo será vivir en un planeta con una temperatura media 2º C más alta, ya que supondrá una ruta totalmente nueva para la biosfera, y seguramente peligrosa para la humanidad. La producción de alimentos, el ciclo del agua y todo lo que la biosfera nos ofrece para la vida que hemos llevado, estará en peligro. No me imagino las consecuencias sociales y económicas de un futuro con estas características. Gobiernos y empresas deben rodearse de ciencia, para informar sus decisiones, pues en última instancia, son ellos los responsables morales del estado del planeta que dejaremos a las futuras generaciones. Con lo que sabemos hoy, ¡ya no hay margen para errores!