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Las etiquetas energéticas van a cambiar

Las etiquetas energéticas indican la clasificación de los equipos eléctricos, según su consumo de electricidad, en una escala de A a G, en la que la Clase A (indicada en verde) corresponde a los aparatos más eficientes y la Clase G (indicada en rojo) a los menos eficiente. Esta información nos ha permitido elegir los productos que gastan menos energía para así ahorrar más, a largo plazo.

Sin embargo, con la evolución tecnológica, el número de equipos con la clasificación de Clase A ha aumentado, lo que ha hecho necesario crear escalas diferentes para tipos de equipos diferentes y también, en algunos de ellos, añadir clases más allá del nivel máximo de eficiencia: Clase A+, A++ y A+++.

Esta heterogeneidad de criterios ha generado bastante confusión entre los consumidores. Así, en julio de 2017, la Unión Europea decidió eliminar gradualmente estas clases en los próximos años y volver a la clasificación de la A a la G (sin las clases A+, A++ y A+++). Sin embargo, habrá un período de transición en el que los dos sistemas de clasificación funcionarán paralelamente.

   

Cuidados durante la transición

El retorno a la clasificación de A a G va a ser bastante simple para seis tipos de productos: frigoríficos, lavadoras, lavavajillas, televisores, lámparas y bombillas. En el año 2020 se espera que todos de ellos ya hayan realizado la transición hacia las nuevas etiquetas y que podemos ver las versiones actualizadas en las tiendas, incluso en línea.

Sin embargo, para los hornos, campanas, aires acondicionados, ventiladores, máquinas de secado y aspiradoras, se espera que el sistema sea totalmente homogéneo en 2024, por lo que debe prestar especial atención a la compra de estos equipos. Esto pasa porque lo que hoy pertenece a la Clase A+++ podrá pasar a ocupar la Clase B, según la nueva categorización. Y, peor aún, para los calentadores (aire y agua) la "reforma" total sólo se garantiza entre el 2025 y el 2030.


Conozca la nueva etiqueta energética

La nueva etiqueta energética comenzará por presentar la Clase A sin llenar (y en algunos equipos también la Clase B), es decir, gris, ya que todavía no existen equipos en el mercado con ese nivel de eficiencia. El objetivo es mantener las Clases actualizadas durante más tiempo, sin la necesidad de añadir nuevos grados de eficiencia durante al menos 10 años. 

Siguiendo la misma lógica, a medida que los equipos se vuelven cada vez más eficientes, y los que ocupan las clases menos eficientes van saliendo del mercado, esas clases aparecerán también en gris en las etiquetas, como podemos ver en la imagen de ejemplo.
 

Leyenda: Etiqueta actual a la izquierda y etiqueta futura a la derecha.

Información sobre productos en línea

Además de actualizar las etiquetas de energía, la Unión Europea definió la constitución de un depósito en línea de productos, a lanzar en 2019. La idea es que los fabricantes suministren toda la información relativa a los modelos que comercializan, incluidas sus características energéticas (y su debida clasificación).

Esta base de datos, que contará con una zona de acceso público y otra para fabricantes, será una buena herramienta para comparar productos existentes y descubrir las últimas novedades en el mercado, así como evaluar los precios y las tendencias de evolución a nivel de eficiencia energética.

  

"Etiquetar" ventanas, elevadores... e inmuebles

Además de la clasificación energética de equipos eléctricos, existen todavía "etiquetas" energéticas para ventanas, ascensores e incluso inmuebles: el ya bien conocido Certificado Energético.

La etiqueta de ventanas existe desde el 2013 y a partir del 2018 paso a designarse CLASSE+ ventanas. Esta clasificación también se aplica a los ascensores (así como a las escaleras y los pasillos rodantes), bajo el nombre de CLASSE + Ascensores, y permite a los consumidores (particulares y empresas) tomar decisiones más informadas sobre la eficiencia energética de sus infraestructuras, ya sea en una casa o en un edificio comercial. 

En el caso de las ventanas, cuanto mayor sea su capacidad para reducir las pérdidas térmicas en invierno y el sobrecalentamiento en verano, mejor será su clasificación energética. Estas etiquetas también incluyen información sobre el nivel de aislamiento de las ventanas: atenuación acústica, infiltraciones de aire e incidencia de rayos solares.

En el caso de los ascensores, además de la clase energética, la etiqueta incluye información sobre el consumo anual de energía, tipo de motor, sistema de iluminación y la evaluación del rendimiento del ascensor cuando está en modo de reposo (standby) y en funcionamiento.

la certificación energética de los inmuebles se hizo obligatoria en 2009 - cada vez que se vende un inmueble, se debe presentar el Certificado Energético del mismo. La certificación es realizada por técnicos especializados, que evalúan elementos como el nivel de aislamiento de las ventanas, la presencia o no de paneles solares y otros factores que hacen al inmueble, más o menos, amigable con el ambiente. Porque la eficiencia energética es exactamente eso: evitar el desperdicio, para minimizar la huella ambiental.


30 años de perfeccionamiento: la historia del etiquetado energético

Fue el año 1979 cuando la Unión Europea publicó su primera estrategia oficial de etiquetado de equipos eléctricos, para promover la compra de los que fueran más eficientes. En un primer enfoque, los Estados miembros tuvieron libertad de exigir la clasificación de los electrodomésticos de acuerdo con sus propias normas, siempre que se utilizaran etiquetas en un formato idéntico en toda la UE.

La primera etiqueta se centró en detalles técnicos y de consumo energético obtenidos mediante pruebas estandarizadas, pero no presentaban informaciones sobre la eficiencia relativa del equipo, es decir, no la comparaba con modelos equivalentes. Además, las etiquetas eran sólo en texto, sin imágenes o pictogramas, lo que dificultaba su comprensión inmediata.

Después de varias actualizaciones, las etiquetas energéticas evolucionaron a un conjunto de información mucho más visual, prácticamente sin textos y con una escala de evaluación cada vez más exigente. Además de la clase de eficiencia energética, ellas presentaban información adicional sobre el consumo de electricidad, agua, ruido, rendimiento o capacidad del electrodoméstico.

La introducción de las etiquetas energéticas trajo beneficios para el consumidor y para el medio ambiente, al mismo tiempo que vino a desafiar a los fabricantes a reinventarse y producir equipos cada vez mejores. Actualmente, incluso en el caso de las compras a distancia o en línea, en las que los consumidores no pueden ver el equipo en directo, las etiquetas energéticas deben estar presentes. 

El objetivo es de alcanzar la meta fijada por la UE para el 2030: un aumento del 27 % en términos de eficiencia energética.


Equipos con etiqueta energética obligatoria