Hágase la luz: recuerdos de una cuadrilla de urgencia

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En las sociedades modernas la electricidad es un bien esencial. Es parte de la lista de cosas sin las cuales ya no es posible «vivir» o, al menos, vivir cómodamente. Nuestro estilo de vida requiere tener cerca una toma que funcione, ya sea para algo tan importante como mantener la nevera conectada o simplemente tener el teléfono móvil con la batería cargada.

La mayoría de nosotros no piensa particularmente en eso, pero garantizar que estos detalles de nuestro día a día sean solo eso, detalles, es la misión de vida de un grupo de trabajadores muy particular.

José Carlos Neves trabaja en EDP hace 40 años: una vida. Los años de experiencia le permitieron acumular un raro nivel de sabiduría, que le gusta compartir con los demás en su voz pausada.

Hoy es uno de los responsables de la Dirección de Servicio a Redes, en Lisboa, el departamento de EDP Distribuição que, en paralelo con la Dirección de Mantenimiento Urgente y Reposición de Servicio, «salva vidas» en lo que se refiere a la energía eléctrica. Dicho de otra manera: si se produce un fallo de electricidad, luchan para que se resuelva lo antes posible. Y, cuando pensamos en clientes prioritarios, esta actividad puede, literalmente, salvar vidas.

 

"Estos operativos dan la máxima atención y prioridad a la reposición de la energía eléctrica a todos los clientes", dice, "son los ojos de nuestro Centro de Conducción, sobre el terreno".

Es decir, siempre que falta la luz, hay equipos listos (que están de servicio las 24 horas del día, los 365 días del año) para entrar en «modo de adrenalina» y socorrer la red eléctrica, siempre en coordinación con la Central, que los acompaña telefónicamente.

Soldados de la luz

Estos equipos, habitualmente conocidos como cuadrillas de urgencia, son una especie de equivalente al INEM de la electricidad. «Urgencia y disponibilidad» es el lema de estos hombres que han renunciado de un trabajo más tradicional, de nueve a cinco, para dedicarse a éste, que consideran como una verdadera misión.

«Generalmente las personas sólo recuerdan a EDP por dos motivos: cuando llega la cuenta y cuando falta la electricidad». Son las palabras de Pedro Silva Paulo, responsable de la Dirección de Mantenimiento Urgente y Reposición de Servicio de EDP Distribuição, que, en tono de broma, acaba por revelar la realidad de estas personas.

Muchas veces recibidos con desconfianza o puro descontento (que rápidamente pasa a alegría tan pronto como la energía se restablece en el sitio), los profesionales sienten en la piel el hecho de ser «la imagen» de EDP. Pero la situación es un poco más compleja que eso. Esto porque el cliente tiende a confundir dos cosas: la empresa que le cobra la factura (que bien puede ser EDP Comercial o cualquier otro comercializador de electricidad) con aquella que garantiza que la red de electricidad funciona: EDP Distribuição.

«La gente no tiene noción que EDP Distribuição, que es quien hace el mantenimiento de la red, no es la misma entidad que les cobra las cuentas», confiesa Carlos Barbosa. Técnico de reposición de red desde hace 18 años, Carlos solo trabaja con el colega Eduardo Baltazar desde que los equipos se redujeron de tres a dos personas, mucho gracias a los avances tecnológicos.

Un trabajo peligroso...

El trabajo en la cuadrilla requiere grandes niveles de concentración y el cumplimiento estricto de normas de seguridad. El riesgo eléctrico no es tema de conversación común entre los colegas, pero eso no se debe al desinterés o menosprecio por el peligro. Por el contrario, se debe al respeto que este riesgo impone: siempre está presente, en todas las situaciones del día a día de estos profesionales.

La cultura de seguridad se alienta entre los colaboradores, a través de sesiones de sensibilización o de la discusión después de accidentes, siempre desde una perspectiva de comprender lo que salió mal y lo que se puede hacer para evitarlo en el futuro. El que lidia con 10kV de electricidad en el día a día (la llamada media tensión, con la que Carlos y Eduardo trabajan) sabe perfectamente lo que le sucede a un cuerpo humano que entra en contacto con la corriente eléctrica.

Por ese motivo, nunca se pasa por alto el uso de equipos de protección:

  • ropa ignífuga (antifuego)
  • botas de protección mecánica con puntera de acero
  • casco con visera para protección contra arco eléctrico
  • guantes de protección mecánica, para proteger las manos al tener que levantar grandes tapas en centros de transformación verticales (subterráneos)
  • guantes de protección eléctrica, adecuados al nivel de tensión con que el profesional va a trabajar

La electricidad es inodora, incolora e invisible... hasta que el accidente ocurre. De hecho, los electricistas tienen las profesiones más peligrosas del mundo, de acuerdo con estadísticas de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo.

El trabajo físico termina por no ser muy pesado, sacando la eventual tapa que necesita ser levantada para acceder a instalaciones subterráneas, pero, en términos emocionales, puede pesar un poco.

... y que pesa en el alma

Además de la resolución de averías u operaciones de mantenimiento de la red eléctrica, también se llaman a Carlos y Eduardo cuando existe la necesidad de cortar el suministro de energía a los clientes que están en mora, es decir, con facturas por pagar desde hace varios meses.

Eduardo Baltazar, EDP Distrubuição

 

A veces es complicado hacer el corte de energía, especialmente en instituciones como clínicas, hospitales o asilos... sin embargo, siempre buscamos hablar primero con las personas, ver la posibilidad de conseguir esos pagos o cumplir estas obligaciones a su debido tiempo para que no sean desconectados.

Eduardo Baltazar, cuadrilla EDP Distribuição

Eduardo Baltazar, EDP Distrubuição

Lejos de la familia en las fechas más importantes, trabajando a cielo abierto fuera de horario, en medio de tormentas o incluso de incendios, los equipos de la cuadrilla de urgencia colaboran muchas veces con Defensa Civil y el Instituto de Meteorología, como sucedió durante el paso del huracán Leslie por Portugal.

Pero en esos momentos de crisis, el espíritu de equipo es fuerte: las personas se dividen en múltiples tareas, ya que se revela el sentido de urgencia y disponibilidad. «Incluso pueden ser personas mayores que no tienen toda esa habilidad, pero en caso de emergencia... dan todo lo que tienen para mitigar las "dolencias", si se producen vendavales, huracanes, incendios, sea lo que sea...», explica Pedro Paulo con entusiasmo.

Carrera contra el tiempo

Por más exigente que sea el trabajo en términos físicos y mentales, siempre existe el otro lado: saber que, si se les llamó (principalmente en Lisboa), significa que hay una gran cantidad de personas «en la oscuridad». Y eso es motivación suficiente para dejar todo e ir a cumplir la misión.

La prueba de la misión cumplida se llama TIE o Tiempo de Interrupción Equivalente. Este indicador toma cada minuto en que una zona dada ha estado sin electricidad durante un año y los une en una sola interrupción. En Lisboa, por ejemplo, el TIE hace 20 años estaba en el orden de los 500 minutos. ¿Hoy? Se encuentra debajo de los 50 minutos.

Esto significa que en dos décadas se ha logrado una reducción extraordinaria en la duración de las interrupciones de suministro, mucho gracias a los avances tecnológicos, al fortalecimiento de las redes (que hoy en día tienen una alimentación dual) y a la eficacia de los trabajadores de las cuadrillas.

«Hoy en día, las personas ya no tienen el hábito de tener velas en casa», según comenta Pedro Paulo, precisamente porque el tiempo de resolución de averías ha bajado mucho.

De los itinerarios de direcciones al GPS

Gran parte del trabajo de las cuadrillas fue posible hacerlo a distancia con la aparición del llamado «mando a distancia».

En la práctica, es un equipo que funciona como un interruptor controlado a distancia.

«Es un interruptor como el de casa, pero "un poco" más grande», según explica Pedro Paulo, y permite aislar (de la corriente eléctrica) los aparatos que existen en los centros de transformación en las calles, para que se puedan realizar maniobras de reparación o mantenimiento.

Este «interruptor» se controla a través de un ordenador en el Centro de Despacho, pero si por cualquier motivo no es posible, también se puede operar directamente en el sitio por los equipos de la cuadrilla.

Los equipos se beneficiaron en gran medida de la evolución tecnológica, especialmente en lo que se refiere a las comunicaciones, como cuenta Carlos Barbosa. «Normalmente se nos comunica por teléfono cuando tenemos una avería... pero antes era por radio CB (Citizen Band) [que estaba en la furgoneta] y, por ejemplo, si fuéramos a almorzar, como no había teléfonos móviles, lo que hacíamos era dar el número de teléfono del restaurante al equipo de Despacho para que llamaran si fuera necesario».

De la misma manera, el viaje al lugar de la avería, que hoy se hace con la ayuda del GPS, anteriormente se hacía con la ayuda de un itinerario de direcciones, un libro que se consultaba cada vez que surgía una «misión». Pero si la tecnología ha venido agilizar los procesos, la esencia del trabajo se mantuvo muy similar a lo que era, a pesar del paso del tiempo: cortes de energía debido a la realización de trabajos, la resolución de averías o faltas de pago, además de la asistencia en eventos especiales, pruebas y ensayos a la red son algunas de las funciones de estos equipos.

Un día a día diferente

Existen cuadrillas responsables por el mantenimiento y reparaciones en media tensión (10kV) y otros, responsables por la baja tensión (la que entra en la casa de los clientes, por lo tanto, de 230/400V), pero ambos realizan funciones similares y tienen muchas historias que contar.

José Carlos Neves y Pedro Silva Paulo recuerdan la ocasión en que, en una reparación dentro de una determinada embajada, los profesionales de la cuadrilla se vieron obligados a desnudarse, para garantizar que no representaban ninguna amenaza.

«Oh, ingeniero estoy aquí en una sala y ahora obligan a las personas a quedarse en ropa interior» cuenta Pedro Paulo entre risas, «solo nos preguntaban "ingeniero, ¿qué hago?" Y nosotros "bien, necesitamos hacer el trabajo, así que hagan lo que les digan"» En otra ocasión, se les prohibió la entrada a la embajada por llevar consigo el electroscopio. Este equipo forma parte del sinfín de herramientas que las cuadrillas utilizan diariamente en su servicio y sirve para comprobar si hay tensión en determinado un cable.

Como el buscapolo gigante, que se trata de una vara larga cuya punta se pone en contacto con el cable eléctrico y, si hay corriente, dispara una alarma. Los equipos lo utilizan para comprobar si un determinado equipo se encuentra aislado y se puede operar o si hay corriente y tienen que mantener la distancia. Ahora bien, debido al aspecto del electroscopio (que para los más desconfiados se puede parecer a un arma), a la cuadrilla se le impidió entrar en la embajada.

«La cuadrilla iba a hacer su trabajo y no los dejaron entrar con aquella pieza allá adentro, porque pensaban que era un arma, una bazuca o algo parecido... dijeron "aquí no entra"», recordó José Carlos Neves.

Pero, junto a las historias insólitas o de las ocasiones en que las cuadrillas ni siquiera pueden entrar a las instalaciones para trabajar, hay muchos otros recuerdos que traen sonrisas a estos profesionales.

La recompensa de una sonrisa

Eduardo Baltazar recuerda una noche en que fue llamado con su colega en medio de una cena, fuera de horario, que tuvo que ser dejada en el plato. «Nos llamaron a una zona de restaurantes y cuando logramos restablecer la conexión de todos los clientes, nos ofrecieron la cena, y no fue solo uno, fueron varios que hasta hubo dificultad en elegir para no dejar a nadie molesto»

Las noches de Navidad o Año Nuevo también son especiales, ya que la gente tiene cierta sensibilidad con los profesionales de servicio.

En una reciente noche de Año Nuevo, se llamó a la cuadrilla de Carlos y Eduardo a un barrio que se había quedado a oscuras poco antes de la medianoche. Y, ya sea por suerte o destino, los colegas consiguieron resolver la avería a escasos minutos del Año Nuevo.

«La gente vio que las luces se encendieron justo antes de la medianoche y después sonaron las doce campanadas y fue una fiesta Nos aplaudieron, nos ofrecieron champán y roscón de reyes, hicieron la fiesta con nosotros», recuerda Carlos con emoción. Esta identidad de servicio público, de misión junto a las poblaciones, y la noción de que ayudan a cientos de personas cada vez que son llamados a intervenir, es lo que mantiene «encendido» el espíritu de los equipos de cuadrilla de EDP Distribuição.

A pesar de que no siempre se reconocen, ni están a la espera de reconocimiento, estos «soldados de la luz» siguen con su misión para que todos los clientes tengan un mejor fin de año o una mejor Navidad, cómoda, en seguridad y con acceso a aquellos pequeños «detalles» de la vida cotidiana, como tener un calefactor conectado o la televisión encendida, detalles que, después de todo, hasta hacen toda la diferencia.