Proyecto de reintroducción de la águila pescadora en Portugal

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Cuando las águilas llegan en avión

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El águila pescadora dejó de reproducirse en Portugal, incluso antes del año 2000. Ahora está de vuelta... e hizo el viaje en avión.

En algún lugar de la Costa Alentejana, en 1978. En la cima de un acantilado escarpado y ventoso, un nido hecho de ramas, hierbas y musgo pasa desapercibido en el paisaje.

Cerca de allí, una enorme ave de presa se posa sobre una roca, observando el horizonte y protegida del viento por sus largas plumas. De repente, abre las alas y parte a sobrevolar el océano.

Con una envergadura de casi dos metros, tiene la parte superior del cuerpo pardo, la cabeza y el vientre blancos. Las alas, ligeramente arqueadas mientras planea, le dan la apariencia de una gaviota sobre el mar. Pero no se trata de un macho de águila pescadora, también conocido como guincho, uno de los últimos de tres parejas que quedaban en Portugal por esa fecha.

La inclusión como zona de riego de la Costa Alentejana y el aumento de la pesca con línea de mano ha alterado a la meseta costera, que antes se encontraba aislada y era ideal para la instalación de nuevos nidos. 

El aumento de la presencia humana, debido a actividades de agricultura y ganadería, fue otro factor de amenaza para la especie, así como los incentivos a la caza de la paloma bravía, a menudo confundidas con águilas pescadoras por cazadores a lo largo de la costa.

El último guincho en Portugal

El macho desciende en picado sobre las aguas y hace un vuelo planeado antes de extender las patas hacia adelante en el último momento para agarrar a la presa, una lubina que tuvo poca suerte en este día.

La suerte del águila pescadora también estaba a punto de agotarse en Portugal. Las tres parejas registradas en 1978 desaparecieron poco a poco y las rutas migratorias, que antes las traían de vuelta para reproducirse, transformaron el país en solo un destino de paso.

En 1990, nuestro amigo se unió a una hembra que se había quedado sola, pero no pudieron nidificar. Y, años más tarde, «viudo» de nuevo, buscó a la última hembra existente, cuyo nido había sido destruido por un bloque de piedra unos años antes.

En 1997, esa hembra muere de causas naturales y cinco años más tarde, en 2002, se observa por última vez el vuelo en picado de nuestro macho sobre aguas portuguesas, siendo el fin de la nidificación de las águilas pescadoras en el país.

Una nueva esperanza

Pasaron los años, sin águilas pescadoras en Portugal. Pero el trabajo que no se realizó a tiempo para prevenir el fin de la nidificación, finalmente se comenzó a realizar en 2011. Los investigadores del CIBIO, el Centro de Investigación en Biodiversidad y Recursos Genéticos, junto al apoyo financiero de EDP y la participación de otros socios, iniciaron un proyecto de recuperación de la especie similar a otros ya en curso en la Península Ibérica y en Europa.

 

Fue una oportunidad histórica, tener a una gran empresa que se dispuso a financiar la recuperación de una especie que había desaparecido en el país.

Luís Palma, investigador del CIBIO

La ubicación que se eligió por los investigadores del CIBIO para la reintroducción de la especie fue el Alqueva, por ser un lugar extenso y rico en recursos alimentarios, además de ser relativamente tranquilo y seguro para los animales. También se encuentra cerca, a ojos de un águila pescadora, de otras interesantes fuentes de alimentación, como el estuario del Sado y el estuario del Tajo.

Sara Goulartt, Directora Adjunta del área de Medioambiente y Clima en EDP explica: "las presas son fuentes de alimentación para la especie y el Alqueva tenía excelentes condiciones para un proyecto de esta complejidad."

Los investigadores establecieron su campamento base en la finca del Roncão, desde la cual dirigirían las operaciones. EDP, además del apoyo financiero directo, contribuyó a la implementación del proyecto a través de la participación de socios locales y, adicionalmente, garantizó el acceso a la energía eléctrica en una primera fase a través de un generador temporal que colocó EDP Distribuição, y tan pronto como fue posible, con la instalación de un sistema autónomo de producción solar fotovoltaica.

El objetivo estaba claro, traer especímenes del águila pescadora aún jóvenes al Alqueva y ayudarles a desarrollarse en seguridad en la zona. De esa forma, las aves pasarían a reconocer a Portugal como el lugar donde crecieron y, después de dejar el país para recorrer sus rutas migratorias habituales, regresarían «a casa», para nidificar y reproducirse.

Cambiar de "aires"

El objetivo se cumplió por primera vez en 2011. Los jóvenes guinchos pudieron dar descanso a las alas por unas horas y se transportaron en avión, gracias al apoyo de TAP, en condiciones controladas de seguridad y bienestar. 

Los traslados aéreos se produjeron durante los cinco años de esta asociación. Llegaron anualmente al aeropuerto de Lisboa entre diez y doce águilas pescadoras juveniles de cuatro a seis semanas de vida, que provenían de Suecia y Finlandia, donde la especie está ampliamente extendida.

Los vuelos siempre se realizaron al final de la tarde, para tratar de minimizar las diferencias de temperatura entre los países nórdicos y Portugal.

Al llegar a Lisboa, se realizaba una evaluación por los veterinarios para garantizar las condiciones de salud de estos jóvenes, que después se transportarían al Alqueva, donde se separaron por edades en nidos artificiales, para que se acostumbraran al lugar.

El primer vuelo en libertad

Alqueva, 2011. Los juveniles permanecen unos días en las torres de aclimatación hasta que se acostumbran al lugar. Lejos de casa, pero ahora en un escenario más ameno y bien protegido, las «pequeñas» aves desde temprano comienzan a entrenar las alas dentro de los refugios, y las mueven frenéticamente, esparciendo la paja del nido improvisado en todas las direcciones. Es un primer impulso para regresar a la libertad. 

Y ese impulso se respeta. Durante la noche, un equipo del CIBIO se desplaza silenciosamente hasta las torres de aclimatación y retira las redes de protección de los nidos artificiales. A la mañana siguiente, los guinchos se despiertan para encontrarse con una novedad, que pueden volver a volar, ¡son libres!

Los técnicos del CIBIO observaron los primeros vuelos de las jóvenes águilas con verdadero entusiasmo. Estas, ahora en libertad, se quedaran en el Alqueva hasta el momento de la migración.

Consumen de 3 a 4 kg de pescado al día, algo que solo es posible al estar en una zona rodeada de agua. Para garantizar que no se queden sin alimento, el equipo tiene una jaula dentro del agua, con peces vivos, a los que pueden recurrir siempre que sea necesario. 

Este método de reintroducción de especies se ha implementado con éxito varias veces en los Estados Unidos y se conoce como hacking.

Salir del cascarón en Portugal

Dada la distancia que recorren las águilas pescadoras en períodos migratorios, a veces atravesando el Sahara hacia África Occidental, su mortalidad es alta. Como tal, fue importante acoger una buena cantidad de juveniles, para aumentar la probabilidad de nidificación en Portugal.

Aun así, el proyecto ha sido un éxito. Se han confirmado varios regresos de aves que se liberaron en años anteriores, es decir, las águilas pescadoras ya reconocen a Portugal como su casa.

En 2015, acabó pasando, las primeras camadas portuguesas se hicieron realidad. Fue en la Costa Vicentina donde la pareja reproductora se instaló y las dos crías de águila pescadora salieron finalmente del cascarón en Portugal, por primera vez en casi 20 años.

Muchas otras parejas siguieron, con más o menos crías con el paso de los años. El hecho de haber nidificación de aves liberadas en esta área también contribuyó para que otras aves de la misma especie, pero de otras poblaciones, comenzaran a establecerse aquí. Las «ruedas de engranaje» de la naturaleza comenzaron a girar por sí solas: se formó el ecosistema.

La vida encuentra una manera

Con el proyecto de reintegración del águila pescadora, la empresa profundiza el conocimiento científico, promueve la mejora de los ecosistemas naturales y contribuye a la biodiversidad nacional y mundial.

El proyecto nos permite hacer una compensación adicional del impacto. También tiene un gran interés en apoyar el desarrollo del conocimiento científico en un área de gran fragilidad, nuestro capital natural. Todos debemos encontrar soluciones que sean capaces de conciliar el desarrollo con la preservación del planeta.

Sara Goulartt, Directora Adjunta del área de Medioambiente y Clima en EDP

La construcción de presas podría incluso traer beneficios a las águilas pescadoras que regresan a Portugal. Dado que la especie se alimenta de pescado, tanto en el mar como en los ríos y embalses, la aparición de nuevos desarrollos hidroeléctricos aumentará sus fuentes de alimentación.

En los últimos dos años, se instalaron varias plataformas en ríos y presas para fortalecer las condiciones naturales de atracción de las aves.

Se apoyó el proyecto durante 8 años y tuvo resultados positivos, ya que las águilas volvieron a nidificar. Se alcanzaron los objetivos y se construyeron los cimientos. Ahora solo falta que la naturaleza se encargue de continuar su trabajo.

Proteger la Biodiversidad

El proyecto del Águila Pescadora no se trata de un caso único en EDP. Como parte de su Política de Medioambiente, la empresa se ha comprometido a contribuir a un balance positivo de la biodiversidad en los lugares donde opera.

Por ejemplo, en la región de Trás-os-Montes, donde se encuentra la Presa de Baixo Sabor, EDP ha trabajado desde el principio en conjunto con los pueblos y las asociaciones medioambientales. ¿El objetivo? Mitigar el impacto provocado en el territorio a través de un programa de conservación del patrimonio natural que integra variables socioeconómicas, lo que es un reto inédito en la historia de EDP e incluso del país.

Se presentaron los compromisos durante 75 años, a través de un paquete de 52 acciones de conservación aplicables a un territorio con cerca de 12.000 ha, el equivalente a 12.000 campos de fútbol, repartidos entre nueve municipios, en un área cuatro veces mayor a la inundada por el embalse.

El esfuerzo en ayudar a preservar la biodiversidad no se queda en Portugal. El Milano Real es una de las aves de presa continentales con una distribución más restringida, ya que Alemania, Francia y España concentran el 90 % de la población mundial. Por ello EDP, en España, apoya un proyecto que busca ampliar el conocimiento sobre la especie.Además de la participación en estos proyectos, la protección de las aves y del ambiente en las regiones donde EDP actúa ya forma parte del día a día en la empresa.

Prueba de ello es el "Protocolo Avifauna", que se estableció en 2003, en Portugal, como un proyecto de asociación técnico-científica para mitigar el impacto provocado por las líneas eléctricas, de alta y media tensión. Se han corregido 648 km de líneas aéreas de distribución de electricidad durante estos 14 años, que se consideraban críticas.

Todas estas acciones se alinean con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 15, Protección de la Vida en la Tierra. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un conjunto de metas definidas internacionalmente para, hasta 2030, lograr cambiar el mundo, tales como acabar con la pobreza, luchar contra la desigualdad y poner fin al cambio climático. EDP ha estado particularmente involucrada en este último punto y comprometida con la protección de los ecosistemas.